

La Herencia del Rencor
Nunca olvidaré un caso que presencié durante mis primeras prácticas como pasante. Tras largos y tediosos años pleiteando por una linde de apenas un metro cuadrado, dos hermanos finalmente llegaron a un acuerdo. Se estrecharon la mano en el pasillo del juzgado, visiblemente más canosos y cansados, con una vida ya perdida a sus espaldas.
Al salir, uno le susurró al otro: «¿Te acuerdas por qué discutimos?». Ninguno supo responder.
Es desolador observar cómo en los procedimientos de familia, la mayoría de las veces, el orgullo pesa más que el propio conflicto. Aquellos hermanos terminaron gastando en abogados muchísimo más de lo que valía ese pequeño terreno. Al final, no ganaron un metro de tierra; solo perdieron años de disfrutarse el uno al otro como hermanos.
Sandra Márquez